Cada semana se inaugura una tienda de ropa barata en España suponiendo más de 300 aperturas en los últimos cuatro años. ¿Es posible producir tan barato en España? ¿Nos engañan con las etiquetas?

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Las redes sociales han propiciado la proliferación de una nueva tendencia en el mercado español y en un cambio del comportamiento del consumidor. Si hace años obviábamos logotipos, marcas o artículos de moda cuando éstas no eran de alguna marca conocida, ahora presumimos justo de todo lo contrario. 

 
 

Debido a la recesión nuestra renta disponible disminuye y nos vemos obligados a ahorrar, por lo que el precio es más importante que la calidad y preferimos comprar ropa barata. Sin embargo, los datos apuntan a que realizamos un mayor número de compras en artículos de moda, presumiendo y sintiéndonos orgullosos de comprar más a menos precio.

 

Este cambio de tendencia provoca que las nuevas marcas de ropa low cost busquen ubicaciones estratégicas para darse a conocer en ciudades como Madrid, donde sólo en la Calle Fuencarral en una de cada cuatro tiendas ya se vende ropa barata. Revistas de moda como Stilo ya se hacen eco también de este fenómeno y visten a celebritys con ropa asequible para cualquier bolsillo.

 

Una de las mayores marcas de ropa barata es el caso Primark, que cuenta con 250 tiendas en Europa, 40 de ellas en España. La base logística española ocupa 40.000 metros cuadrados y suministra ropa a media Europa gracias a más de 180 camiones que salen cada día cargados con 600.000 kg de ropa, cantidad suficiente para vestir al día a medio millón de personas.

 

Primark basa su estrategia en la atracción por sus bajísimos precios, experimentando en el último año un crecimiento del 26% que se traduce en una facturación superior a los 360 millones de euros.

Para Julián Villanueva, director de marketing de IESE, el “efecto Primark” tiene su éxito en:

 
  • Cadena de suministro muy eficiente basada en la compra de materiales muy barata y costes logísticos bajos
  • Costes operativos muy bajos (alquileres bajos, no hacen publicidad, poca estructura central)
  • Gran tamaño de las tiendas con mucho volumen, lo que provoca de los costes por metro cuadrado sean muy bajos.
 

Otro ejemplo de cadena de ropa barata es el caso Shana, una marca española que lleva sólo cuatro años en funcionamiento y ya factura 110 millones de euros.  Al igual que el caso Primark, esta marca busca locales cada vez más grandes (en torno a los 400-1000 metros cuadrados) para poder colocar entre 30 y 40 nuevas colecciones por temporada. De esta forma satisfacen las necesidades de sus compradores y pueden  rentabilizar el espacio, Como sus márgenes comerciales son muy pequeños es clave abrir continuamente nuevos puntos de venta  para poder aumentar los beneficios y  ya cuentan con 200 tiendas en España, de las 300 que tienen en todo el mundo.

 

Mulaya es otro de los casos de cadenas de ropa barata. Se constituye en 2003, cuentan con 26 tiendas y la fundadora, al igual que todos sus empleados en tienda, es de origen asiático. La clave de su estrategia es huir de la imagen de tienda china y trabajar, supuestamente, sólo con producto nacional con un precio medio de diez euros.

 

Estar hecho en España supone que el diseño, producción y distribución tengan lugar íntegramente en España. Sin embargo, según la Comisión Europea, no existe regulación acerca de la procedencia  del país en el etiquetado de la ropa, por lo que es fácil engañar al consumidor e importarla de otros países y poner en la etiqueta que está hecha en nuestro país.

 

Es el caso de Marruecos, un país con el que no existen aranceles y que tiene una legislación laboral muy diferente a la de España, con jornadas de trabajo de más de 12 horas, sin contrato de ningún tipo y con sueldos que no sobrepasan los 200 euros al mes por trabajador.

 

Por culpa de este fenómeno, es cada vez más habitual ver casos irregulares de empresarios en España para ser más competitivos, cometiendo ilegalidades y fraude a la Administración y a la Seguridad Social.

 

Os planteo tres preguntas:

 

¿Debe regular el etiquetado de los productos la Comisión Europea?

¿Deben marcarse límites o aranceles a la importación para defender el producto nacional y poder fabricar productos competitivos?

¿Debemos reconvertir la industria textil al no ser tan productiva?

 

Creo que esta es la conclusión de los desequilibrios entre países desarrollados y subdesarrollados, donde las condiciones laborales y de vida distan mucho. Además, creo que este, como tantos otros problemas, debería corregirse en origen y no en destino. No voy a justificar a los empresarios españoles que cometen fraude o atentan contra los derechos de los trabajadores, pero si estas prácticas no ocurrieran seguramente no tendrían que recurrir a estas artimañas para garantizar su supervivencia. Al igual que ellos, los trabajadores se ven forzados a aceptan estas condiciones para poder dar de comer a sus hijos, ya que es cada vez más difícil obtener un derecho fundamental que todos creíamos logrado en este siglo: un trabajo digno.

 

Fuente: EquipoDeInvestigación (Atresmedia)