¿Has buscado alguna vez una habitación en un piso compartido? ¿Cómo es tu habitación y/o piso ideal? En este artículo te doy algunos consejos para que tu búsqueda no se convierta en una mala experiencia y termines cuanto antes de encontrar tu habitación ideal.
 
 

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Cuando buscamos piso en Internet las páginas web nos ofrecen muchos criterios para filtrar y encontrar el piso de nuestros sueños: un piso medianamente espacioso, en el centro de la ciudad o cerca de nuestro trabajo, con línea de autobús o metro no muy lejanos y, a ser posible, baratito. Sin embargo, en una visita no tenemos mucho tiempo para hacernos una idea de las ventajas y desventajas en profundidad. Os planteo la siguiente cuestión, ¿creéis que es una decisión que ha de tomarse con celeridad o debemos consultarlo bien antes con la almohada?
 
Hay varios factores que influyen tanto en la decisión de ir a ver una habitación y en tomar una u otra determinación. De lo que no somos conscientes es de una realidad: en la mayoría de los casos entramos dentro de un proceso de selección del cual no siempre obtendremos una respuesta. Un chico con el que coincidí viendo un piso me decía, “¿Por qué van a escogerme a mí y no a otro si hemos visto el piso más de 50 personas?” No te ilusiones demasiado, más aun cuando no se trata del propio casero el que al final decide quién entra.
 
¿Miedo a que nos estafen? A lo largo del post descubriremos los elementos clave que ha de tener una oferta de habitación en alquiler y cómo la persona que ostenta la decisión de alquilar juega con ellos.
 

Las fotografías de la habitación

Si queremos despertar el interés debemos cargar fotografías de alta calidad o, por lo menos, que se vea el producto que vamos a contratar (en este caso una habitación) durante como mínimo un año. En muchas ocasiones no nos encontramos con ninguna, lo que hace que dudemos sobre cómo será o en qué estado se hallará la habitación por mucho que traten de explicarnos por teléfono. En el caso de que tenga fotos estas nos pueden desvelar mucha más información de la que pensamos. Por ejemplo, si en la foto no se ve una ventana es probable que no tenga, si se ven muebles no hay que suponer que estos vengan incluidos y si la fotografía se hace con luz artificial pueden pasar dos cosas: que se haya hecho por la noche o que no tenga una iluminación adecuada, que suele ser la más común. Antes de acudir a ver un piso despeja todas estas dudas por teléfono para no encontrarte con una habitación que no te convenza en absoluto.
 

El precio de la habitación

¿Un mes de fianza? ¿Aval bancario? Con la crisis las condiciones económicas exigidas al arrendatario aumentan. En un contrato pueden exigirte, como me ha pasado a mi, hasta un aval inmobiliario. El arrendador ha de saber que la ley de arrendamientos urbanos dice que sólo se puede exigir un mes de fianza, aunque en el contrato pueda figurar un aval bancario por valor de cuatro meses o la petición de nóminas de los últimos seis.En el caso de una habitación en la Plaza de Chueca, me pedían que desembolsase 3.000 euros por poner un pie en la casa. Compara precios de viviendas y establece un criterio objetivo de “caro” y “barato” en función del precio de mercado que hayas detectado en la zona. No olvides que determinados handicaps pueden parecer que nos encontramos ante una “ganga”. Al final eres tú el que decide si acepta o no las condiciones que vienen marcadas en el contrato. Aunque te parezca abusivo siempre habrá alguien que lo pague. Recuerda que ante el vicio de pedir está la virtud de no dar. 
 

¿Qué es lo que quieres? ¿Qué es lo que nos piden?

Por pedir que no falte. Socialmente existen muchos clichés. Tendemos a pensar que las chicas son más limpias que los chicos, por lo que si eres chico ya tienes un problema para resultar el elegido (a no ser que el resto de personas sean también del sexo masculino) Resta un punto en el caso de que fumes y tus compañeros no. Y si tienes animal de compañía lo tuyo será misión imposible: los pisos en los que ya hay pondrán problema por posibles enemistades entre vuestros acompañantes y si el piso está recién reformado ni a tus compañeros ni al casero les hará gracia. En ocasiones, pueden argumentar que son personas muy tranquilas y que quieren personas muy tranquilas. Esta “tranquilidad” destapa una norma implícita: no llevar invitados a casa o traer un fin de semana a la prima del pueblo o a tu hermano pequeño. Discute bien estos términos y huye de las personas que insisten in extremis en esta cuestión. Al margen de esto trata de conocer cuestiones básicas de las personas con las que vas a compartir como qué hacen o a qué se dedican. Yo he vivido con estudiantes, trabajadores, erasmus, etc. y siempre buscamos perfiles similares al nuestro. Si curras seguramente que no te hará gracia tener fiestas en casa varios días por semana. Y al revés, ¿quién quiere pasar sus años de universidad compartiendo piso con un tío que se va todos los días, incluidos sábados, a las 11 de la noche a la cama? Atención también con los rangos de edad. tengo un amigo de 25 años que vive con dos chicos que pasan los 40 y no sale apenas de su cuarto. Influye si o si, queramos o no, según el momento de la vida por el que estemos pasando. La edad no siempre, pero la madurez y el estilo de vida son puntos a considerar. “Vade retro” ante compartir con parejas o varios miembros de una familia. Ante cualquier discusión tenemos las de perder.
 

¿Lujos o necesidades?

Como características específicas solemos encontrar cuestiones básicas, o que todos consideramos básicas para una vivienda como si dispone de ascensor, armario, internet o calefacción. No nos confundamos. Podríamos vivir en un primero sin ascensor si no tenemos problemas físicos, no es necesario tener un armario si tenemos otro sistema de almacenamiento alternativo, no todos somos seres digitales y podemos conformarnos con nuestra tarifa de datos del móvil e incluso, si tenemos muchas mantas o poco dinero, podemos prescindir de un sistema de calefacción. Pero, desde luego, que se den todas las cosas a la vez es algo poco razonable. Os dirán cosas como: “Un cuarto sin ascensor es duro el primer día pero después te acostumbras”, “si quieres internet puedes ponerlo tú” o “Esta casa es muy calentita”. ¡Desconfía!. Te cagarás en todo cada vez que tengas que salir de casa al pensar en volver y tener que subir las escaleras, acabarás pagando mucho más incluyendo los gastos de Internet y/o de calefacción o te morirás de frío cada noche y vivirás acatarrado, como un compañero que tuve hace unos años. Un lavavajillas, microondas, TV digital o ducha hidromasaje son lujos. Pasar frío o volver de la compra cargado y subir en ascensor no. Establece cuáles son tus necesidades y descarta todo piso que no las cumpla a rajatabla. 
 

La cercanía relativa

Al darnos la localización de una vivienda no solemos poder ubicarla con exactitud en un mapa. Es normal, nadie se conoce el callejero entero a no ser que sea taxista (y ni ellos a veces). Es por esto que suelen darnos una serie de referencias como edificios conocidos, plazas o estaciones de metro. Ojito con esto. Un piso no puede estar a cinco minutos a pie de Sol y a diez de Plaza Castilla. Busca la dirección exacta o pídela si no te la facilitan para corroborar las distancias en Google Maps. Mucha gente miente con esto. O son descendientes de Spiderman o Superman…
 

La zona

Como sucederá en otras ciudades grandes, Madrid ya no funciona por buenas o malas zonas sino por buenas o malas calles. Es decir, podemos estar en la zona centro en una de las calles aledañas a Gran Vía, con lo que será facilisimo tener señoritas de compañía 24 horas en las inmediaciones de nuestro portal. Date una vuelta de día y si es posible otra de noche tanto por la calle en la que este el piso como en las de alrededor. Descubrirás que la frase tipo “Esta es una zona tranquila” se viene abajo más veces de lo que piensas. 
 
 

La estacionalidad de las habitaciones

Cada día aparecen nuevos anuncios de habitaciones en pisos compartidos pero la cantidad de estos anuncios varía según el momento del año en el que nos encontremos. El mejor mes para encontrar algo es junio, ya que abandonan el país los llamados “Erasmus”. Por contra, los peores son septiembre y octubre. La demanda de pisos en el centro aumenta y no hay tanta oferta disponible, por lo que se generan largas listas de espera, incertidumbre y una pérdida de nuestra capacidad de decisión, negociación y  reacción.
 
 

Consejos para encontrar una buena habitación

Al igual que preparamos una entrevista de trabajo también tenemos que preparar una entrevista o visita de un piso y/o habitación. Si estás en una situación extrema y quieres ser el escogido te aconsejo que apliques alguno de estos consejos de marketing de guerrilla:
 
1) Estudia, previamente, a tus compañeros de piso. Elabora una pequeña base de datos con sus nombres, profesión o intereses. Si no tienes datos siempre puedes mirar en el buzón o preguntar a los vecinos. Todo ello te dará información, y la información es poder. Averigua todo lo que puedas y utilízalo a tu favor para tratar de captar su interés, empatizar y ver coincidencias de cualquier tipo sobre gustos y/o afinidades. Normalmente no solemos tener tiempo suficiente durante la entrevista para conectar, y ellos habrán visto a otros tantos como tú, con lo que si no les impactas no se quedarán con tu cara ni con tu nombre a la hora de valorar a todos los candidatos. Por cierto, si te lo enseña la persona que abandona el piso insiste en que quieres una cita con los que se quedan para poder conocerlos en persona.
 
2) Si no tienes conocimientos previos sobre lo que hacen o a qué se dedican partamos de suposiciones extremas o estereotipos. Alguna vez fallaremos, pero por término general daremos más veces en el clavo. Determina la clase social de tus posibles compañeros en función de la zona o calle donde residan, escoge prendas que casen con este estilo dentro de tu armario para causar una buena impresión y no olvides sonreír aunque no te apetezca y tener una actitud dialogante, flexible y comprometida (aunque si es para largo plazo es mejor ser uno mismo). Una sonrisa se contagia hasta siete veces al día y una persona que no pone trabas ante problemas es más fácil que sea la seleccionada. Nadie quiere complicaciones ni problemas de convivencia.
 
 
3) Lleva a un amigo contigo. Cuatro ojos siempre ven más que dos. A la hora de tomar una decisión esta persona puede ayudarte a sopesar pros y contras y facilitar que te decantes más por una habitación que por otra. Y de forma independiente y totalmente desinteresada.
 
4) Si te gusta de verdad dilo. “Me lo tengo que pensar” o “Ya te llamaré” indica dudas por tu parte que les transmitirás a los actuales habitantes de la casa. Si el próximo dice que si tendrá más camino ganado que tú.
 
5) Pese a todo, intenta ser natural, transparente y no mientas. Una cosa es utilizar la información a nuestro favor y otra inventarnos una vida que no es. No dar información no es mentir, aunque en ocasiones sea poco ético. Ocultar que fumamos es más sencillo que hacernos pasar por mujeres si somos hombres. Y si de noche nos gusta travestirnos mejor que se enteren con el tiempo a no ser que nos pregunten o tengamos especial interés en contarlo. Al igual que con otros muchos vicios, costumbres o manías si no es algo relevante no lo cuentes durante la entrevista, ya que no sabemos con certeza hasta qué punto suman o restan. Si descubrimos que estamos viviendo con un racista, homófobo, machista o una persona que no nos acepta por lo que somos y nos puede hacer la vida imposible la solución es sencilla. ¡Haz las maletas y vete! Tolerancia cero frente a la intolerancia. Lo más importante es sentirnos a gusto en nuestra casa. 
 
 
Todos estos consejos son el resultado de un mes buscando piso a razón de cinco o seis al día, conociendo diferentes zonas y lugares de Madrid y a distintos tipos de perfiles de personas. Os cito algunas cuantas experiencias únicas e inolvidables.
 
1) Quien quiere vivir con mi “madre”. Un chico joven gallego contacta conmigo para compartir un piso en Avenida Ciudad de Barcelona. Nada más entrar, su madre se hace cargo de la situación, me enseña el piso y comenta las condiciones, aunque era para compartirlo con él, ya que ella tenía que irse fuera. El único contacto con el chico fue un apretón de manos y un mensaje de texto en el que me explicaba que se dedicaba al mundo del teatro y del baile artístico. Tras confirmarme que a su madre le gustaba, mientras sostenía la tarta de mi cumpleaños me llega un mensaje cancelando el contrato por razones familiares, ya que de momento no se iba a poner en alquiler. Ahora sí, ahora no. Se puede entender, pero no permitas que jueguen ni contigo ni con tu paciencia.
 
2) Un artista, un perro, un piso destartalado y un agujero en la pared. Así era el piso que me impactó cerca de Alonso Martínez (Calle Argansola). Me abrió la puerta un señor de 40 años recién salido de la obra y con las manos manchadas. Al entrar camino por un suelo lleno de baldosas diferentes y me enseña el que sería mu cuarto, con un boquete en la pared (decía ser el armario). El piso no tenía salón pero sí un estudio que él usaba para pintar (parecía más de brocha que de lienzo). Lo que más me gustó fue su perro, y eso que soy alérgico.
 
3) El precio “variable”. Esta experiencia me sucedió en la calle Hortaleza. En un primer momento me pedían 350€ por la habitación. Después había que sumarle 150€ por los muebles, luego eran 250€ y a los dos días contrato por el piso entero a mi nombre. ¿A qué jugamos? Sí a la negociación en el precio, pero con criterio y sentido. Más aun cuando los otros dos pagan la mitad que tú y una de las personas acusó a la casera de persona poco legal. No dejes que se aprovechen de ti. Diles cordialmente que vayan a peinarse.
 
4) Nos gustas pero preferimos “chica”. Tras estar una semana pujando por un piso de Plaza de España, mejorando ofertas y aceptando todo tipo de condiciones, pudo el hecho de que prefiriesen a una chica por ser chica. Ni comprando todos los muebles que tenía la persona que se iba, ni ofreciendo más dinero por la habitación. Nada. Hasta el día 1 de noviembre a las 7 de la mañana, que me llamó una de las chicas que allí vivían, con unas copas de más, diciéndome que la chica que iba a entrar no había dado más señales de vida. Demuestra poca seriedad y poco respeto por los demás. 
 
5) Barato en verano, muy caro en invierno. Dos días antes de entrar a vivir en el piso en el que estoy, me llamó mucho la atención que quedasen libres dos habitaciones en un piso de tres. En este caso fue revelador el hecho de que me lo enseñase uno de los chicos que abandonaba el piso. Al principio todo parecían ventajas y argumentaba su marcha porque eran amigos y querían vivir solos. No resultaba muy convincente y me confirmó que el principal motivo era porque los gastos subían más de 100€ al mes en invierno. Y todo en inglés, ya que en español le costaba expresarse con claridad.
 
6) Espacios desiguales. Dicho de otra forma, tu tienes derecho a una habitación en el piso y yo a dos, pero ambos pagamos lo mismo al mes. Ocurrió varias veces pero recuerdo bien dos: una en un piso al lado del metro de La Latina y otra al lado del metro Menéndez Pelayo. El primero de ellos constaba de tres habitaciones independientes, pero el piso era a compartir entre dos y la otra persona usaba la tercera habitación como estudio personal. En el segundo caso, era el salón el que no estaba habilitado como zona común por el mismo motivo. Al igual que yo, trabajaban en parte desde casa. 
 
 
A partir de ahora, y cuando un amigo os pregunte con sorpresa cómo es que aun no habéis encontrado habitación, decidle que se lea este post. Probablemente empatizará más con vosotros y entenderá la delicada situación en la que os encontráis. ¡Muchas suerte si estáis en plena búsqueda!