Se acerca el verano y las playas españolas se llenan de turistas y de bañistas. Con las altas temperaturas, es habitual querer refrescarse con un helado o algo frío. Debido a esto, muchas empresas aprovechan las circunstancias y montan heladerías casi a pie de playa. En este caso, y dentro de la normativa aplicable a cada lugar, surgen muchas dudas sobre dónde colocar estas casetas para obtener las mayores ventas posibles. 
Imaginemos que somos una empresa heladera y tenemos que decidir dónde colocar nuestro puesto a lo largo del paseo de una playa de 480 metros de longitud, con un beneficio neto de 1€ por helado. Los costes de las licencias urbanísticas los estimamos en unos 1.000 euros. Suponemos que trabajamos 10 horas al día y que las ventas se anulan cuando pasamos de 240 metros.

¿Cómo sabemos dónde es mejor colocar nuestra heladería?

A primera vista podemos pensar que la mejor de las alternativas sería colocar nuestra caseta en medio del paseo ya que, seguramente, si lo colocamos en uno de sus extremos perderemos a los clientes que estén al otro por no querer hacer ese desplazamiento. 
 
Por ello vamos a estudiar, independientemente, cada una de las posibles ubicaciones.

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En el caso A la empresa decide colocarse en el centro de la playa. Las ventas máximas las estimamos en 2.400 helados, por lo que:
Beneficio (A) = 2.400 helados x (1€ de beneficio por helado) – 1.000 euros de gastos fijos = 1.800 €
En el caso B la empresa decide colocarse en un extremo de la playa. A partir de 240 metros las ventas se anulan, por lo que es una función decreciente. Las ventas máximas las estimamos en 1.200 helados, por lo que:
Beneficio (B) = 1.200 helados x (1€ de beneficio por helado) – 1.000 euros de gastos fijos = 200 €
 
En el caso C la empresa decide colocarse a 120 metros del origen. En 120 metros las ventas son máximas y en los extremos van decreciendo. Las ventas máximas las estimamos en 2.100 helados, por lo que:
Beneficio (C) = 2.100 helados x (1€ de beneficio por helado) – 1.000 euros de gastos fijos = 1.100 €
 
Por último, en el caso D, la empresa coloca dos puestos a los extremos. Las ventas máximas las estimamos en 3.600 helados y los costes fijos se duplicarían, por lo que:
Beneficio (D) = 3.600 helados x (1€ de beneficio por helado) – 2.000 euros de gastos fijos = 1.600 €
 
Según este análisis la mejor opción sería la A. 

¿Qué pasaría si entrase otra heladería en el mercado?

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Si la empresa se coloca en el óptimo a 240 metros y la empresa nueva al lado las ventas se reparten entre las dos, por lo que el beneficio de cada una de ellas sería:
Beneficio (A) = 1.200 helados x (1€ de beneficio por helado) – 1.000 euros de gastos fijos = 200 €
 
Si la empresa nueva decide moverse a 90 metros de la primera (caso B), el beneficio de ambas sería:
Beneficio (B) empresa antigua = 1.632 helados x (1€ de beneficio por helado) – 1.000 euros de gastos fijos = 632 €
Beneficio (B) empresa nueva = 1.400 helados x (1€ de beneficio por helado) – 1.000 euros de gastos fijos = 440 €
 
Por último, si la empresa nueva abre dos heladerías a 90 metros cada una, lograría retirar a la empresa antigua del mercado, ya que:
Beneficio (C) empresa antigua = 864 helados x (1€ de beneficio por helado) – 1.000 euros de gastos fijos = -136 €
Beneficio (C) empresa nueva = 2.880 helados x (1€ de beneficio por helado) – 2.000 euros de gastos fijos = 880 €
 
Por lo tanto, sabiendo que pueden entrar otras empresas en el mercado, la opción D inicial sería la más interesante para evitar las entradas y no dejar huecos a la competencia. Sacrificamos, por tanto, los beneficios a corto plazo pero mantendremos el monopolio en la zona a largo plazo.
 
Este tipo de estrategias son las llamadas de introducción de barreras de entrada, que tratan de reducir la tasa de entrada por debajo de lo que sería necesario para eliminar beneficios extra de dicha industria. El caso de la competencia espacial utiliza la llamada teoría de juegos, en la que debemos de eliminar toda amenaza de conducta no creíble. 
 
Partimos de la base de que tenemos una empresa ya instalada y una que intenta entrar. Suponemos que el beneficio del monopolio es mayor que la del duopolio, el del duopolio mayor a cero, y el beneficio de una guerra siempre va a ser negativo. Si la empresa ya instalada tiene un comportamiento estratégico le va a suponer un coste. Una de las vías estratégicas es la de aumentar la inversión para aumentar su capacidad de producción por encima de lo que necesita si siguiera siendo un monopolista. Si el beneficio del duopolio menos los costes conllevados son mayores que el beneficio de entrar en guerra la empresa llevará a cabo la coexistencia y sino la empresa instalada luchará. Partiendo de la lucha, si el beneficio del monopolio menos es coste es mayor que el beneficio del duopolio a la empresa le interesaría tener un comportamiento estratégico para evitar la entrada de un competidor frente a no hacer nada y coexistir. 
 
A través del siguiente árbol de decisión lo vemos de forma más clara.

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Este modelo de competencia espacial presenta varios problemas como la toma de decisiones en base exclusivamente a la distancia, la similitud en producto y precio y la falta de relaciones sociales entre los clientes. La competencia espacial, a día de hoy, tiene en cuenta muchos más factores y no sólo un emplazamiento es clave para la ubicación óptima, sino que las diferentes externalidades positivas llevan a crear zonas industriales cuyos beneficios revierten en sí mismas y fomentan el crecimiento económico del área y alrededores.
 
Sin embargo, sienta las bases para estudiar el correcto funcionamiento de todos los jugadores en un mercado, luchando contra prácticas abusivas como las políticas monopolísticas o los pactos en precios prohibidos en nuestro país en la actualidad.
 
Fuentes:
La teoría de la localización. Néstor Duch Brown 
Análisis competitivo de la empresa. Juan Ventura
Un modelo de competencia espacial duopolística vía precios con diferentes elasticidades de la demanda. P. Dorta González, D.R., Santos Peñate y R. Suárez Vega  
Teoría de la Decisión. Alejandro Bustamante y AriadnaBerger